
Nariño: Mujeres que están recuperando los cereales andinos y sembrando futuro en los páramos de Cumbal
Gracias al apoyo de Fondation RAJA, Fundación Impulso Verde Kuaspue y HUMY, 41 mujeres de la Asociación Indígena de la Mujer Emprendedora fortalecen su autonomía económica mientras lideran acciones para la protección y conservación de ecosistemas estratégicos de alta montaña.

Foto 1: Asociación Indígena de la Mujer Emprendedora. La Boyera, Cumbal
En la vereda La Boyera, en el municipio de Cumbal (Nariño), a más de 3.000 metros de altura, un grupo de mujeres indígenas decidió apostarle a una alternativa distinta a los modelos agrícolas de papa que durante años han presionado los ecosistemas de páramo. Allí, donde el agua nace y alimenta a miles de personas aguas abajo, las integrantes de la Asociación Indígena de la Mujer Emprendedora están recuperando cultivos tradicionales de trigo, cebada, quinua y maíz para construir una economía más sostenible para sus familias.
Lo que comenzó como un proceso de capacitación y experimentación agroecológica hoy se consolida como una iniciativa que combina conservación ambiental, soberanía alimentaria y autonomía económica para las mujeres del territorio. Gracias al apoyo financiero de Fondation RAJA-Danièle Marcovici, la implementación de Fundación Impulso Verde y el acompañamiento del aliado internacional HUMY, el proyecto ha logrado pasar de parcelas piloto a una producción familiar que ya genera ingresos, fortalece capacidades locales y crea nuevas oportunidades para las comunidades indígenas de la región.
De las parcelas piloto a más de 10 toneladas de producción
Durante el 2025, el proyecto realizó un estudio de viabilidad agroecológica para identificar cuáles cereales ofrecían mejores rendimientos económicos y ambientales. Los resultados orientaron la estrategia hacia la cebada y el trigo, permitiendo establecer lotes demostrativos y fortalecer las capacidades productivas de las participantes.
En el 2026 el modelo dio un salto importante: la producción se expandió a 15 predios familiares y alcanzó 9,4 hectáreas sembradas con cereales andinos y leguminosas. Como resultado, las familias cosecharon aproximadamente 10,7 toneladas de cereales, de las cuales una parte se destinó al consumo familiar, otra a la transformación en harinas y el excedente a la comercialización en mercados locales y compradores regionales.

Foto 2: Cultivo de trigo comunitario

Fotos 3: Cultivo de maíz en parcelas piloto
Cifras clave del proyecto
- 41 mujeres indígenas beneficiarias directas.
- 32 familias fortaleciendo sus sistemas tradicionales de producción o shagras.
- 15 predios familiares vinculados al escalamiento productivo.
- 9,4 hectáreas sembradas con cereales agroecológicos.
- 10,7 toneladas de cereales producidas durante el segundo año.
- 1,5 toneladas destinadas a la seguridad alimentaria de las familias.
- 45 variedades de semillas conservadas en proceso de fortalecimiento comunitario.
- Más de 8,5 millones de pesos en ventas de cereales y productos transformados.
Además de producir cereales, las mujeres han avanzado en la transformación de materias primas en alimentos con valor agregado. A partir de recetas tradicionales, la asociación estandarizó tres productos: galletas de maíz y quinua, barras energéticas y la colada instantánea «Aco». Este proceso busca conectar los conocimientos ancestrales con oportunidades de mercado que permitan mejorar los ingresos de las familias.
Paralelamente, continúa la adecuación de una planta de transformación que permitirá cumplir los estándares sanitarios exigidos por el INVIMA. También se inició el desarrollo de la marca comunitaria Warmy Raíz Viva, una apuesta que busca posicionar los cereales andinos como productos locales de alta calidad y con identidad cultural propia.
Recuperar semillas, recuperar memoria
Una de las apuestas más importantes del proyecto ha sido la recuperación de semillas locales. Con el apoyo de diferentes aliados, la comunidad logró consolidar la infraestructura inicial para un banco comunitario de semillas y avanzar en la identificación y conservación de 45 variedades cultivadas tradicionalmente en la región.
Los intercambios de semillas realizados durante los últimos dos años no solo han permitido compartir material vegetal, sino también conocimientos, prácticas agrícolas y experiencias entre comunidades campesinas e indígenas de Nariño.

Fotos 4: Clasificación de diferentes tipos de semillas

Fotos 5: Estantería del banco de semillas
«Antes comprábamos gran parte de los alimentos que consumíamos. Hoy estamos recuperando los cereales que sembraban nuestros mayores y aprendiendo a transformarlos para generar ingresos sin afectar nuestro territorio. Lo más importante es que las mujeres estamos participando en las decisiones y construyendo algo para nuestras familias» afirma, Mercedes Tapie, presidenta de la Asociación Indígena de la Mujer Emprendedora.
«Este proyecto demuestra que la restauración de los ecosistemas y el desarrollo económico no son objetivos opuestos. Cuando las mujeres cuentan con herramientas técnicas, organización y oportunidades de comercialización, pueden convertirse en protagonistas de la conservación y la protección de los páramos» enfatiza Tatiana Hernández, coordinadora de emprendimientos verde y soberanía alimentaria en la Fundación Impulso Verde Kuaspue.
Una apuesta por el futuro
Los próximos pasos contemplan culminar la adecuación de la planta de transformación, fortalecer la formación en buenas prácticas de manufactura, consolidar el banco comunitario de semillas y lanzar oficialmente la marca Warmy Raíz Viva. Además, la experiencia busca convertirse en un modelo replicable para otras comunidades rurales de la región andina colombiana.






