
Cumbal revive sus historias comestibles

Foto 1.
En el corazón del Nudo de los Pastos, donde la neblina se posa sobre las montañas y la tierra conserva memorias antiguas, las historias comestibles están volviendo a la vida. No como metáfora, sino como un proceso real impulsado por familias campesinas e indígenas que decidieron volver a sembrar no solo alimentos, sino también memoria, identidad y territorio.
Durante varios meses, en el Resguardo Indígena de Cumbal, 22 familias emprendieron un camino que va más allá de la producción agrícola. Se trata de una transición agroecológica que articula biodiversidad, cultura y comunidad. La idea que orientó todo el proceso es clara: Cumbal revive sus historias comestibles sembrándolas, cocinándolas y contándolas de nuevo.
Volver a sembrar la diversidad
El proyecto logró resultados que, aunque pueden leerse en cifras, reflejan sobre todo un profundo valor simbólico y cultural:
- 659 plantas establecidas en 22 unidades productivas
- Un promedio de 30 variedades por familia
- 293 especies NUS (subutilizadas y relegadas) recuperadas
- Implementación de shagras, huertas y sistemas silvopastoriles
Más allá de los números, se produjo un cambio silencioso pero significativo: la tierra volvió a diversificarse y, con ella, la dieta, la economía familiar y la identidad cultural. Las familias retomaron cultivos que habían desaparecido de sus platos cotidianos: tubérculos, hierbas y semillas que durante años fueron consideradas “del pasado” y que hoy recuperan su valor alimentario y cultural.

Foto 2.
Cuando la cocina se vuelve territorio
Uno de los resultados más potentes del proceso fue el rescate de la memoria gastronómica del territorio. A través de talleres, encuentros comunitarios y recorridos, se lograron documentar:
- 10 recetas tradicionales
- 9 relatos asociados a la cocina
- 5 custodios de la tradición alimentaria
De este trabajo surgieron preparaciones que hoy cuentan historias: el locro, la colada de ocas, el sango, entre otras recetas que no solo nutren, sino que narran la relación entre alimento y territorio.
Estas historias comestibles se materializaron en la cartilla El Chutun: un viaje comestible por el territorio de Cumbal. En su lanzamiento ocurrió algo poco habitual: no fueron expertos externos quienes la presentaron, sino los propios participantes del proceso, quienes dramatizaron sus recetas y relatos. En ese momento, la cartilla dejó de ser un documento para convertirse en memoria viva compartida con la comunidad.

Foto 3.
Entre la tradición y la innovación
El proceso no se limitó a la recuperación de saberes ancestrales. También integró prácticas orientadas a la sostenibilidad futura:
- Sistemas de recolección de agua implementados en el 59 % de los predios
- Puesta en marcha de 22 biofábricas para la producción de insumos orgánicos
- Establecimiento de 20 hectáreas de sistemas silvopastoriles
Estos sistemas combinan árboles, arbustos y pastos, creando paisajes productivos más resistentes al cambio climático y con mayor capacidad de regeneración.
Además, durante un intercambio en Ecuador con el proyecto Kurikancha, los participantes conocieron experiencias de economía comunitaria y estrategias de comercialización que permiten sostener estos procesos en el tiempo. Porque sembrar es fundamental, pero garantizar la permanencia de lo sembrado resulta aún más determinante.

Foto 4.
Semillas que circulan y se arraigan
El intercambio de semillas fue uno de los gestos más significativos del proceso. Lo que empezó como un acto espontáneo entre familias tiene hoy el potencial de consolidarse como una red territorial de intercambio.
Son semillas que circulan entre veredas, municipios e incluso entre países, pero que al mismo tiempo se adaptan y echan raíces en cada territorio que las acoge, fortaleciendo la soberanía alimentaria local.
Entre la tradición y la innovación
El proceso no se limitó a la recuperación de saberes ancestrales. También integró prácticas orientadas a la sostenibilidad futura:
- Sistemas de recolección de agua implementados en el 59 % de los predios
- Puesta en marcha de 22 biofábricas para la producción de insumos orgánicos
- Establecimiento de 20 hectáreas de sistemas silvopastoriles
Estos sistemas combinan árboles, arbustos y pastos, creando paisajes productivos más resistentes al cambio climático y con mayor capacidad de regeneración.
El futuro también se siembra en la infancia
En Cumbal quedó claro que la sostenibilidad no depende únicamente del trabajo de los adultos. Por ello, el proyecto dio un paso adicional al llevar las historias comestibles a las escuelas.
En este componente educativo se implementaron:
- 4 shagras pedagógicas
- Procesos de sensibilización con niños, niñas y jóvenes
- Uso de la cartilla como herramienta de aprendizaje
Aquí, la agroecología se convierte en una experiencia educativa, y la educación en una forma concreta de cuidado del territorio y de transmisión intergeneracional del conocimiento.
Más que un proyecto, un modelo
Lo ocurrido en Cumbal no es un hecho aislado. Es un ejemplo de cómo la soberanía alimentaria puede construirse desde el diálogo entre saberes, donde la ciencia no reemplaza el conocimiento ancestral, sino que conversa con él; donde la producción está vinculada a la cultura; y donde la biodiversidad se practica en la vida diaria.
Las historias comestibles son, en esencia, una forma de resistencia y permanencia. Una manera de afirmar que el territorio no solo se habita: se cultiva, se cocina y se narra colectivamente.

Comunicaciones Fundación Impulso Verde
Fundación Impulso Verde Kuaspue
contacto@impulsoverde.org






